¿Qué es la entomología aplicada?
La entomología aplicada es la rama de la ciencia que estudia a los insectos desde una perspectiva práctica, buscando comprender su impacto en la salud humana, animal, agrícola y ambiental. Su finalidad es doble: por un lado, controlar y reducir los efectos negativos de insectos dañinos, como plagas agrícolas o vectores de enfermedades; y por otro, aprovechar las múltiples aplicaciones benéficas que tienen ciertos grupos de insectos en la biotecnología, la agricultura sustentable y la producción de bienes. Esta disciplina resulta esencial en el contexto actual, donde el uso indiscriminado de químicos ha generado resistencia en plagas y daños colaterales a los ecosistemas, por lo que los insectos representan tanto un desafío como una solución.
Control biológico de plagas
Una de las aplicaciones más importantes de la entomología es el control biológico, que consiste en el uso de insectos benéficos para regular poblaciones de plagas en cultivos agrícolas y forestales. Ejemplos incluyen el uso de avispas parasitoides que atacan huevos o larvas de plagas, y mariquitas que consumen pulgones en huertos. Este enfoque permite reducir el uso de pesticidas químicos, disminuyendo la contaminación ambiental y los riesgos para la salud humana, a la vez que promueve un manejo agrícola más sostenible.
Entomología médica y veterinaria
Los insectos pueden actuar como vectores de enfermedades que afectan tanto a los seres humanos como a los animales domésticos y de granja. Mosquitos del género Aedes transmiten enfermedades virales como dengue, chikungunya y zika, mientras que mosquitos Anopheles son los principales vectores de malaria. En el ámbito veterinario, tábanos, moscas hematófagas y garrapatas causan pérdidas económicas importantes. El estudio de estos insectos, su biología y los mecanismos de transmisión, permite diseñar estrategias de prevención, control y vigilancia epidemiológica que son fundamentales para la salud pública y la producción animal.
Aprovechamiento de insectos en la producción
Los insectos no solo representan un riesgo, también son una fuente de recursos con aplicaciones directas. La apicultura es un ejemplo claro: las abejas (Apis mellifera) producen miel, polen, cera y propóleo, todos con gran valor económico y medicinal. Otros insectos como el gusano de seda (Bombyx mori) producen fibras naturales utilizadas en textiles. Además, en la actualidad existe un creciente interés en la entomofagia y en el uso de harinas de insectos como fuente alternativa de proteína para la alimentación animal y humana, debido a su alto valor nutricional y bajo impacto ambiental. Incluso, ciertos compuestos derivados de insectos, como la quitina y la quitosana, son aprovechados en la industria farmacéutica y biomédica.
Insectos como indicadores ambientales
Algunas especies de insectos funcionan como bioindicadores de la salud de los ecosistemas. Por ejemplo, la presencia o ausencia de libélulas y ciertos coleópteros en cuerpos de agua puede reflejar su grado de contaminación. Asimismo, las mariposas diurnas son utilizadas para evaluar el estado de conservación de áreas naturales. Estos indicadores biológicos permiten monitorear los efectos de la actividad humana en los ecosistemas y contribuyen a la toma de decisiones para la gestión y restauración ambiental.
